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jueves, 16 de marzo de 2023

Se cumplen 51 años de esta carta de Juan Perón a Don Kurt Waldheim: "Como usted podrá apreciar, considero que los problemas de contaminación ambiental, despilfarro de recursos naturales, tensión internacional y la carrera armamentista son tan graves como interdependientes"

 



Carta al SeC. Gral. de la ONU 16 de marzo de 1972


Escrito por Juan Domingo Perón. 


Madrid, 16 de marzo de 1972 


A Su Excelencia 

el señor Secretario General de la 

Organización de las Naciones Unidas Don Kurt Waldheim 

Edificio de las Naciones Unidas Nueva York


Los graves problemas que acosan a la humanidad en este momento de la historia me han llevado a dirigir el adjunto Mensaje a los Pueblos y Gobiernos del Mundo, el que tengo el propósito de dar a publicidad el 23 del corriente mes. Deseo anticiparle su contenido en virtud de que vuestra importantísima misión en defensa de la paz y cooperación internacionales lo convierten en uno de los principales destinatarios de mi mensaje.


Como usted podrá apreciar, considero que los problemas de contaminación ambiental, despilfarro de recursos naturales, tensión internacional y la carrera armamentista son tan graves como interdependientes, y por lo tanto exigen una acción enérgica, inmediata y global. Me preocupa en particular el agotamiento de los recursos naturales en los países del Tercer Mundo, con las consecuencias que están a la vista y se hacen sentir principalmente entre los sectores más humildes de la población. En verdad, la selección natural ha sido convertida en un sofisma detrás del cual se ocultan una selección social y una selección internacional.


Entiendo que las Naciones Unidas deberían constituir el eje de cualquier acción internacional conjunta en este campo. A tal efecto sin duda será necesario crear nuevos organismos como el ya constituido para luchar contra la contaminación, y coordinar la acción de los mismos.


Deseándole éxito en su difícil misión, saludo a usted, Cordialmente,


Juan D. Perón


lunes, 9 de marzo de 2020

Se cumplen 64 años de esta carta de Perón a Florencio Monzón




Carta a Florencio Monzón 9 de marzo de 1956

Escrito por Juan Domingo Perón.

República de Panamá, 9 de marzo de 1956

Sr. D. Florencio Monzón

SANTIAGO

Mi querido amigo:

En estos días he estado de mudanza de Colón a Panamá, es decir del Atlántico al Pacífico...

...Veo que las noticias allí menudean. Aquí también las recibimos, si bien un poco mas tardíamente y menos explícitas, a menudo desfiguradas. Por esas noticias se ve claramente que la maldita dictadura militar está pasando las de Caín y a fe que bien lo merece por salvaje y asesina.

Es necesario seguir dando fuerte con la resistencia pasiva pues ella es la llave de nuestra victoria y el "Tendón de Aquiles" de la dictadura. Intensificarla al máximo, haciendo que todos, en todas partes y durante todo el tiempo, realicen acciones destinadas a aniquilar a los enemigos mediante un desgaste decidido y eficaz. Usted verá que al final esa resistencia, si se ejecuta bien, será la clave del éxito. Es menester insistir en ella por todos los medios.

Algunos políticos de la oposición ya han tirado líneas para ver si yo, mediante un arreglo con ellos suspendería la resistencia. Eso quiere decir que la cosa va mal para ellos y bien para nosotros. Yo no les he contestado ni que sí ni que no pero, no soy hombre de hacer arreglos a espaldas del pueblo y cualquier arreglo de ese tipo no contará jamás con mi aprobación. Los sacrificios que ha sufrido ese pueblo le da derecho a que todos seamos con el leales y sinceros. La política no cuenta cuando de traiciones se trata. La primordial condición y la principal virtud de un político, como lo concibo yo, es precisamente la lealtad. Yo, además, no soy un político, por eso conservo sano aun el corazón al servicio del país y no de los intereses de nadie sea este quien sea o se llame como se llame...

...Me halaga que haya tantos chilenos peronistas allí. Quiere decir que la doctrina cunde y eso me gustaría porque yo quiero a los chilenos de corazón. Me parece que, con todos los defectos propios de todos los pueblos, son buenos y capaces. Creo que los chilenos tienen valores extraordinarios y que la necesidad los ha hecho luchadores, fuertes y sufridos, condiciones que harían un poco falta al pueblo argentino que, como producto de la abundancia, son un poco menos decididos y menos luchadores de lo que deberían ser. Por eso me gusta Chile y quiero a esa tierra que conozco y aprecio bien.

Sobre mi viaje a Chile no sé aún cómo lo realizaré y de instalarme allí oportunamente elegiría un lugar donde no perturbara y pudiera cumpla con mi misión. Quizá seria mejor en el sud o en el norte, porque de lo contrario debería dar muchos dolores de cabeza al gobierno de mi amigo el general Ibáñez. No sé en qué estado de espíritu se encontrará él Per0' tengo la seguridad que ayudará en lo que pueda, dentro de las limitaciones propias y naturales que su función le impone. Él ha sido exilado en Argentina y nunca dio que hablar con su conducta y su actitud. Yo deben observar allí la misma conducta...

JUAN PERÓN

viernes, 23 de agosto de 2019

Perón les hablaba a los hombres libres de nuestra Patria




Quiero proclamar una vez más, a voz en cuello, para que lo sepan todos los hombres de la tierra: en nuestra República el hombre ha dejado de ser esclavo de la máquina; de instrumento se ha convertido en amo y cerebro; tiene todos los derechos inherentes a la condición humana y los deberes que le impone la convivencia en una sociedad democrática, en la que, ocupando la posición que a cada cual nos corresponde, tenemos todos exactamente las mismas prerrogativas y derechos.
Habla Juan Domingo Perón. Mensaje ante la Asamblea Legislativa. Mayo 1º de 1949.-

martes, 30 de julio de 2019

Hace 47 años Perón le escribía esta carta a Julio Jorge Greco




Carta al Sr. Julio Jorge Greco 30 de julio de 1972

Escrito por Juan Domingo Perón.

Madrid, 30 de julio de 1972

Al Sr. Julio Jorge Greco

Secretario del Movimiento Nacional y Latinoamericano Buenos Aires

Querido amigo:

Hoy la Argentina está oficialmente ausente en la América latina, mientras poderosas fuerzas imperialistas buscan crear hegemonías inadmisibles y satélites privilegiados dentro de la región; triste espectáculo el de esta Argentina oficialmente ausente en el proceso emancipador de la América Latina, sobre todo si se la compara con aquella Argentina de veinte años atrás que, a pesar de estar hostilizada por poderosos intereses extrarregionales, dió importantes pasos para facilitar la unidad y liberación de la América latina, respetando siempre el principio de la no injerencia en los asuntos internos de otros estados.

Más triste aún es comprobar que los descendientes de aquellas fuerzas que en el siglo pasado se batieron en medio continente por la primera emancipación de nuestros pueblos, sean utilizados para arrojar al propio pueblo argentino, y que, desde la Patria de San Martín, haya quienes complotan contra el gobierno nacionalista y popular del general Velasco Alvarado.

Toda la América latina y en particular Hispanoamérica está reclamando la presencia oficial argentina en el proceso de unidad y emancipación continentales ¿Pero cómo vamos a tener participación en este proceso dentro de la gigantesca dimensión de la América latina, si nuestros gobernantes ni siquiera tienen resuelta con el Uruguay la delimitación de la soberanía sobre el Río de la Plata? Es absurdo que las Marinas de los descendientes de San Martín y Artigas se peleen para ver quién remolca a un barco que se está incendiando, en lugar de Cooperar estrechamente para apagar el fuego.

La Argentina y el Uruguay, ya mismo, deben resolver en la mesa de negociaciones todas las divergencias que existen entre ellos sobre el Río de la Plata o las 200 millas marítimas.

Lo importante es que los argentinos, defendiendo nuestros intereses nacionales vitales, pero con generosidad hacia los hermanos orientales, nos pongamos de acuerdo con ellos para que el Río de la Plata no se convierta en una cloaca promovida por nosotros o por terceros, y para impedir que modernos filibusteros vengan a operar dentro de nuestras 200 millas marítimas. Ningún barril de petróleo puede romper la unidad que nos impone nuestra común estirpe y nuestros comunes intereses vitales. En particular, la Argentina y el Uruguay, junto a los demás integrantes del sistema, deben exigir que la Cuenca del Plata sea utilizada en beneficio de todos y con el debido respeto de los intereses de todos. Además, ya, hay que hacer Salto Grande y El Palmar.

Esta ausencia oficial Argentina en el proceso de construir una nueva América latina es comprensible. Yo me pregunto ¿Cómo los gobernantes argentinos actuales van a promover la liquidación de las fronteras ideológicas afuera del país si las aplican adentro mediante la represión y la proscripción encubierta del mayor movimiento popular de toda la América latina? ¿Cómo van a promover afuera un régimen que se burla de los derechos humanos, y bajo cuya égida la mortalidad infantil ha dejado de ser un problema sanitario para convertirse en un genocidio colectivo? Dicen querer recuperar las Malvinas, pero ¿Qué han hecho para apoyar a Panamá a recuperar su canal, al que tan legítimamente aspira como nosotros aspiramos a nuestras Islas? ¿Cómo se van a ir a mostrar como nacionalistas afuera, si han permitido la desnacionalización de nuestras empresas, de nuestra cultura y hasta del aire que respiramos? ¿Cómo van a tener longitud de mira en su política latinoamericana quienes, con su miopía histórica, no se dan cuenta que hasta la propia existencia de la Argentina como Nación ya está amenazada?

Todo esto es lamentable pero pronto se terminará. La línea sanmartiniana se impondrá en las Fuerzas Armadas argentinas. Entonces el pueblo argentino verá fructificar su lucha para reimponer su soberanía, y habrá una presencia oficial argentina en la lucha por la segunda independencia de la América latina.

Un gran abrazo.

Firmado: Juan Perón

miércoles, 1 de mayo de 2019

Perón le hablaba a los trabajadores hace 66 años





Día del Trabajador - Plaza de Mayo

1º de Mayo de 1953

Compañeros:

Hace apenas quince días la sangre generosa de cinco compañeros fue vertida en esta plaza por la mano traidora de la reacción. Esa misma traición, servida desde el interior, a sueldo desde el exterior, pretende alterar el orden en la República. Ellos creen que a un pueblo como este se lo puede asustar con bombitas. Esa creencia solo puede albergarse en la mente retardada de los estúpidos de afuera. Los de aquí saben bien que eso no es posible. Pero ellos son unos vivos que para seguir disfrutando de los dólares que reciben continúan haciendo ruido.

Por eso, compañeros, los radicales, autores -según parece- de esos cinco asesinatos, han producido su consabida declaración, su consabido manifiesto de siempre. En él repudian que el pueblo les haya desocupado la covacha inmunda de sus porquerías. También repudian que hayan destruido otros edificios, pero olvidan que cinco trabajadores argentinos han perdido la vida. Para nosotros, los hombres del pueblo, vale mas la vida de un trabajador que todos los edificios de Buenos Aires.

Compañeros: Sabemos quienes están detrás de todo esto. Pero ellos han de persuadirse algún día, que a nosotros nos sobra lo que a ellos les falta y quizás el destino ha de darnos la satisfacción de presenciarlos disparando cuando nosotros pongamos el pecho a los acontecimientos que vengan.

No conocen al pueblo argentino; no conocen a los pueblos. La lección que este maravilloso pueblo de la patria ha de darles a propios y extraños, ha de perdurar en la memoria de los pueblos que se sientan dignos. Cuando un pueblo esta dispuesto a morir por su dignidad, es un pueblo invencible. Y, compañeros, lo que esta en juego en este momento es la dignidad de la misma patria. Así como en épocas todavía recordadas le hicimos morder el polvo de la derrota a Braden, así haremos morder el polvo de la derrota a todos los Bradenes que vayan saliendo.

Compañeros: La conciencia social de la clase trabajadora argentina ha despertado ante los ojos admirados del mundo, que la observa, o con simpatía o con temor, porque ve en ella el ejemplo de la liberación de millones de esclavos que sufren bajo el látigo del capitalismo o del comunismo.

Compañeros: No hemos de cejar en nuestra empresa. He dicho muchas veces que es clara nuestra divisa, y las divisas claras se defienden con la vida en un puesto de combate. Cada trabajador argentino está en su puesto de combate para consolidar la liberación del pueblo trabajador argentino y, si es preciso, para luchar por la liberación de todos los pueblos trabajadores del mundo.

Antes las luchas se organizaban en los países. Antes eran las fuerzas del capitalismo en lucha despiadada con la masa popular explotada y escarnecida. Hoy los pueblos trabajadores del mundo están abriendo los ojos. Hoy los pueblos trabajadores del mundo comienzan a tener conciencia de su poder. Quiera Dios que se organicen. Quiera Dios que se organicen y se unan para adquirir la fuerza extraordinaria que han tenido, tienen y tendrán en esta tierra de los argentinos.

Por eso, los trabajadores argentinos soñamos con pueblos que hayan despertado a su destino histórico, con pueblos a cuyo frente las banderas de cien patrias diferentes los conduzcan a la liberación del proletariado universal, como única meta que este siglo no perdonaría a la humanidad de no haberla alcanzado.

Esta es la hora para lanzar nuevamente al mundo la sagrada frase de la liberación, diciendo en todos los idiomas de tierra: Trabajadores del mundo, uníos!

Compañeros: Sabemos de donde viene el golpe. Ante estas ideas todos las pueblos saben de donde viene el golpe. Pero lo hemos parado y ahora se lo vamos a contestar. Pero lo vamos a contestar inteligentemente. Ellos quieren que aquí, donde decimos estas cosas que les hacen cosquillas en la cartera, se produzca un desorden.

Entonces ellos aprovechan por medio de sus agencias noticiosas para repartir por el mundo que la República Argentina es un caos.

Pero no les vamos a hacer el juego. Cuando ha habido que pegar fuerte, ustedes me han dejado pegar a mí. Ahora, como siempre, le pido a mi pueblo "la bolada". Yo les he de pegar donde duele y cuando duele.

Por eso, yo pido que me dejen actuar a mi. Que no actúen ustedes en forma colectiva, porque eso les da lugar a decir que vivimos en el mas absoluto desorden y que aquí no hay gobierno. Yo les pido, compañeros, que no quemen mas, ni hagan nada mas de esas cosas. porque cuando haya que quemar voy a salir yo a la cabeza de ustedes a quemar. Pero, entonces, si eso fuera necesario, la historia recordará de la mas grande hoguera que ha encendido la humanidad hasta nuestros días.

Compañeros, hoy como siempre, la bendita fiesta de los trabajadores nos encuentra unidos, de corazón a corazón, en un pueblo dispuesto a dar la vida por PERON y en un PERON dispuesto a dar mil vidas por su pueblo.

Los que creen que nos cansaremos, se equivocan. Nosotros tenemos cuerda para cien años. Por eso, hoy, el Día del trabajo, debemos juramentarnos todos los trabajadores para vencer, cueste lo que cueste y caiga quien caiga. Que para ello nos sirva de acicate el recuerdo del crimen de Chicago y los miles de crímenes que se están planteando en sus cercanías.

Hagamos, en nuestro recuerdo, un lugar para todos los trabajadores que en la historia del mundo han muerto luchando por la causa del proletariado; hagamos un recuerdo en cada corazón proletario, en forma de altar, para esos hombres rudos, valientes e idealistas, que supieron dar la vida por sus compañeros.

Que cada Primero de Mayo sea para nosotros un altar levantado en cada corazón para revivir la memoria de los que murieron en defensa de los pueblos, esos héroes anónimos que nadie recuerda porque han sido abandonados en la lucha anónima de todos los días. Para ellos, nuestro reconocimiento; para ellos, el mejor recuerdo de nuestro corazón de hombres de trabajo y de hombres buenos.

Compañeros: en todas las plazas de la República se estrechan hoy los brazos musculosos y las manos callosas de nuestros hermanos trabajadores. Vaya para ellos lo mejor que tenga mi corazón de argentino y de trabajador, orgulloso de poderme entremezclar en lo mejor que tiene la patria, su maravilloso pueblo, que en la lucha de todos los días en los talleres esta construyendo la grandeza de esta bendita patria.

Para ellos mi abrazo fraternal y amigo; para ellos mi juramento inquebrantable de que he de morir cien veces antes que traicionar la causa que ellos han puesto en mis manos y en mi corazón.

miércoles, 6 de marzo de 2019

Se cumplen 50 años de esta carta de Perón a Rogelio Frigerio






Carta a Rogelio Frigerio 6 de marzo de 1969

Escrito por Juan Domingo Perón.

Madrid, 6 de marzo de 1969.

AlSr. Rogelio Frigerio

Buenos Aires

Mi querido amigo:

Tenía ya escrita la adjunta carta cuando por manos del señor Merchensky recibí la suya del 3 de marzo y el memorán­dum que me adjunta con ella, muchas de cuyas conclusiones comparto, pero como sería demasiado largo escribirlas, he conversado largamente con el emisario, quien de viva voz le podrá explicar mejor. Como Usted, me he percatado de la ne­cesidad de trabajar en serio, incidiendo en los tópicos que se menciona y así lo he hecho saber a la Conducción Táctica. La Rama sindical ha andado lenta, pero tengo la impresión (por lo que he conversado con la "Comisión provisoria de las 62 Orga­nizaciones que me visita) que se iniciará pronto la acción que Usted, con tanta razón, me menciona en su memorándum.

Nuestra conducta en la Dirección debe iniciar dos acciones: una en la Rama Política y otra en la Rama Sindical del Movi­miento. En la primera, una agitación congruente insistiendo en la necesidad de un gobierno representativo con el slogan "El Pueblo debe votar y elegir a sus gobernantes", como asi­mismo la necesidad de restablecer el imperio de la Constitu­ción y las normas democráticas de gobierno. En la Rama Sin­dical ha de hacérselo por un salario justo y ajustado al costo de la vida, la defensa de los Convenios Colectivos de Trabajo y la Ley de Asociaciones Profesionales. Ambas acciones, perfec­tamente coordinadas y planificadas en todo el país. Es lo que está dispuesto.

Las "62 Organizaciones" están en plena organización, es­pecialmente en las Delegaciones del Interior, pero espero Que cuando se hayan logrado los pasos necesarios, comiencen las acciones de que Usted habla en el memorándum. Desgraciada­mente, las cosas no pueden marchar con la celeridad que desea­mos pero, dentro de lo prudente, espero que se hagan. Dentro de la desorganización que existía, no ha sido posible hacer nada sin antes alcanzar por lo menos un cierto grado de orga- nicidad. Sin embargo, por las informaciones que me llegan, me parece que las cosas marchan despacio, pero marchan. Estoy insistiendo ante el Comando Táctico, pero no dejo de comprender las dificultades que éste tiene y que me aconsejan tener paciencia.

Creo que en este año se inicia un nuevo ciclo en los acon­tecimientos político-sociales del país, cuyo desenvolvimiento y desenlace no podemos aún prever, lo que nos aconseja estar unidos y organizados en forma de poder responder más que nada a las circunstancias que se presenten en la lucha misma. De ahí que lo que más me interesa es la unidad y la organiza­ción de nuestras fuerzas, lo que afortunadamente parece encaminarse por buena senda. No deje de hablar con Paladino y aconsejarlo; es un muchacho excelente que le escuchará y agra­decerá sus consejos.

El amigo Merchensky ha conversado largamento conmigo y él podrá informarle de viva voz cuanto pienso al respecto. Ha hecho un reportaje que en mi concepto, ha salido exce­lente. Es un hombre inteligente y capaz, lo suficientemente rápido como para captar todo al instante. Lo felicito por este colaborador. Un gran abrazo.

Firmado: Juan Perón

viernes, 16 de noviembre de 2018

Hace 46 años Perón le escribía a la militancia





Carta a los militantes (16 de noviembre de 1972)

Escrito por Juan Domingo Perón.


"Compañeros peronistas:

Pocos podrán imaginar la profunda emoción que embarga a mi alma, ante la satisfacción de volver a ver de cerca a tantos compañeros de los viejos tiempos, como a tantos compañeros nuevos, esa juventud maravillosa que, tomando nuestras banderas para bien de la patria, están decididos a llevarlas al triunfo.

También como en los viejos tiempos, quiero pedir a todos los compañeros de antes y de ahora, que dando el mejor ejemplo de cordura y madurez política, nos mantengamos todos dentro del mayor orden y tranquilidad. Mi misión es de paz y no de guerra. Vuelvo al país después de 18 años de exilio, producto de un revanchismo que no ha hecho sino perjudicar gravemente a la Nación. No seamos
nosotros colaboradores de tan fatídica inspiración.

Nunca hemos sido tan fuertes. En consecuencia, ha llegado la hora de emplear la inteligencia y la tolerancia, porque el que se siente fuerte, suele estar propicio a prescindir de la prudencia.

El pueblo puede perdonar porque en él es innata la grandeza. Los hombres no solemos estar siempre a su altura moral, pero hay circunstancias en que el buen sentido ha de imponerse. La vida es lucha, renunciar a ésta es renunciar a la vida, pero, en momentos como los que en nuestra Patria se viven, esa lucha ha de realizarse dentro de una prudente realidad.

Agotemos primero los módulos pacíficos, que para la violencia siempre hay tiempo. Desde que todos somos argentinos, tratemos de arreglar nuestros pleitos en familia porque si no, serán los de afuera los beneficiarios.

Que seamos nosotros, los peronistas, los que sepamos dar el mejor ejemplo de cordura. Hasta pronto y un gran abrazo para todos", concluye la carta firmada por Juan Domingo Perón.

La carta fue publicada en la revista Mayoría el 16 de noviembre de 1972.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Hace 73 años Perón hablaba a los trabajadores de Correo y Telecomunicaciones



DISCURSO EN LA CONCENTRACION DE EMPLEADOS DE CORREOS Y TELECOMUNICACIONES

En primer lugar rindo un caluroso homenaje a nuestros ilustres visitantes brasileños. Asimismo, aprovecho la ocasión para rendir homenaje a esa hermosa nación ya su ilustre presidente, señor Vargas.
Celebro, señores, la llegada de los empleados de Correos y Tele¬comunicaciones a esta casa, que ya es conocida con el nombre de Casa de los Trabajadores. La Secretaria de Trabajo y Previsión, por mi intermedio, les da su caluroso saludo y les repite las ya viejas palabras de esta casa: nosotros no prometemos, sino que realizamos.
Cuando se me pidió el Estatuto del Empleado Civil, yo hice llegar a la Liga Argentina de Empleados Públicos mis observaciones. Ese Estatuto, como todos, para ponerse en vigencia necesita tres puntos de apoyo: los empleados, el Estado y la Secretaría de Trabajo y Previsión. Esos tres puntos de apoyo son los únicos capaces de darle solidez a la estructuración de cualquier estatuto: porque por la misma razón de que así como una mesa no puede sostenerse con dos patas, sino que por lo menos necesita tres, cualquier estatuto no puede sostenerse en dos intereses contrapuestos, sino que necesita un tercero, imparcial, que pueda juzgar entre las justas aspiraciones de unos, las necesidades del otro y la conveniencia del Estado.
Tan es así que ese estatuto nació ya con su pecado original y su primer paso lo llevó necesariamente a su primera caída. El estatuto que debe dar a ustedes estabilidad, y ya tarda en llegar, ha de ser estructurado sobre las bases de los factores que juegan en este problema; el empleado que defiende sus justas aspiraciones, el Estado patrón que defiende sus intereses y el Estado Juez, que sería la Secretaría, que realiza la justicia distributiva de dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.
Es indudable que la Secretaría de Trabajo y Previsión debe ser el órgano estatal que comience la estructuración de todo organismo destinado a establecer relaciones entre empleadores y empleados, bajo la vigilancia y la tutela de las autoridades del Estado.
Ustedes llegan hoy a la Secretaría de Trabajo. Si el estatuto del empleado civil no estuviese suspendido en sus efectos, la Secretaría de Trabajo y Previsión no hubiera podido atenderlos ni ayudarles en sus justas demandas, porque sería una acción que está detenida por un decreto-ley, también del Estado.
Yo ya he conversado con el presidente de la Liga de Empleados Públicos, y con el señor ministro del Interior hemos acordado un modus vivendi hasta que se pueda promulgar definitivamente el Estatuto del Empleado Público.
Aclarando esto, para salvar la parte disciplinaria de nuestra institución de trabajo, paso a considerar el Estatuto que ustedes han presentado a la Secretaría, anticipándoles que nuestro organismo, en cumplimiento de su misión específica, se encargará desde hoy de gestionar las mejoras que ustedes ambicionan, con el mismo interés con que lo harían ustedes mismos.
Nosotros hemos dicho varias veces que en esta casa tratamos de asegurar una justicia más humana, y en ese sentido creemos factible comenzar inmediatamente el estudio de las cuestiones que comprende la jubilación de los empleados de Correos y Telecomunicaciones. El régimen de las casas es un tanto difícil en estos momentos. Hemos tomado cajas que estaban en un estado bastante calamitoso. Los cálculos actuariales sobre los cuales ellas habían afirmado su construcción han fallado en muchos casos, como han fallado en casi todas las instituciones de previsión social. El Estado ha debido concurrir en auxilio de esas cajas. Sin embargo, el concepto nuestro a ese respecto es que las jubilaciones deben asegurar, con absoluta justicia, la satisfacciones de las necesidades del trabajador. Esas necesidades son las que deben determinar los factores y las resoluciones que rigen las jubilaciones, para que cada persona tenga asegurada la suya dentro de un régimen absolutamente humano y justo. Haciendo girar esos factores, las cajas y el Instituto Superior de Previsión Social estudiarán inmediatamente el caso de ustedes, asegurándoles que desde esta casa yo influiré para que esto sea, como en todos los casos que se nos someten, el logro de una justicia más humana.
En cuanto a las mejoras de sueldos, entiende la Secretaría de Trabajo y Previsión podrán recibir simultáneamente esas mejoras, pero la Secretaría ha de trabajar a fin de que, a corto plazo, no queden empleado en Correos y Telecomunicaciones que no hayan recibido las mejoras compatibles con el momento económico que vive la Nación. A ese fin, tratará de asegurar para el año 1945, en el nuevo presupuesto, un aumento que estará absolutamente proporcionado a las mejoras que ustedes mismos han solicitado y que yo considero justas.
Para concluir, señores, después de esta primera visita que ustedes nos hacen, les ruego que consideren esta casa como la propia, pensando que la Secretaría de Trabajo tiene siempre abiertas a sus puertas, que los empleados y funcionarios que se desempeñan en ella, como ustedes, saben cuándo entran, pero no saben cuando salen.
JUAN DOMINGO PERÓN

sábado, 15 de abril de 2017

A 64 años de un encendido discurso de Perón, mientras le hacían un atentado terrorista



Compañeros:
Desde hace tiempo vengo diciendo que está llegando la hora de los pueblos. Y me siento inmensamente feliz frente a esta grandiosa asamblea, porque observo que este pueblo es digno de esa hora y porque veo que este pueblo está capacitado para realizar lo que esa hora impone a los países.
Los hombres que, como yo, viven solamente para el pueblo, necesitan de esa solidaridad. Por eso siempre que yo he hablado al pueblo, más que órdenes, he impartido consejos. Un presidente que aconseja, más que presidente es un amigo, y eso es, precisamente, lo que yo quiero ser de mi pueblo: un amigo. Cumpliendo siempre la primera verdad establecida en nuestro catecismo peronista, que dice que la verdadera democracia consiste en que el gobierno haga solamente lo que el pueblo quiere y defienda un solo interés: el del pueblo.
Yo no tengo dudas de que cada uno de ustedes sabe que acepté el sacrificio de una segunda presidencia confiando solamente en que la Providencia habría de permitirme completar una obra que en la primera presidencia no pudo ser completada. Y la acepté, por sobre todas las cosas, porque tenía la convicción absoluta de que este maravilloso pueblo argentino, lo mejor que tenemos en esta patria tan querida, habría de poner el hombro a esa realización y dar su apoyo.
Compañeros: Lo que más pesa para los hombres de conciencia es la responsabilidad, nadie puede imaginar el peso ciclópeo de la responsabilidad de realizar, con bien, los destinos del pueblo y los destinos de la Patria. pero ese inmenso peso de la responsabilidad puede repartirse proporcionalmente cuando se gobierna un pueblo conciente de esa responsabilidad, anhelante de cumplirla hasta en el más humilde acto de su vida privada. Sin ese apoyo ningún gobernante podrá realizar cumplidamente sus designios, ni ningún hombre de la tierra podrá realizar los anhelos ni la felicidad de su pueblo. Por esa razón, desde que estoy en el Gobierno vengo reclamando la ayuda de cada argentino, porque cuando me eligieron y me hicieron responsable de los destinos de la Nación, cada uno de los que me votó compartió conmigo la responsabilidad al haberme designado.
Compañeros: Esto es lo único que he reclamado y reclamo del pueblo de la República. Miles de salvadores llegan siempre hasta los gobernantes. Todos proponen medidas para salvar a la patria; pero, señores, ese es un síntoma de ignorancia y de ineptitud. A la patria la salva una sola entidad: el pueblo. Las patrias se salvan o se hunden por la acción de sus pueblos. Los hombres que tenemos la responsabilidad del Gobierno, sin el pueblo somos ineficaces, inoperantes e intrascendentes.
Hace pocos días dije al pueblo de la República, desde esta misma casa, que era menester que nos pusiéramos a trabajar concientemente para derribar las causas de la inequitud creada a raíz de la especulación, de la explotación del agio por los malos comerciantes.
En esto, compañeros, ha habido siempre falsos mirajes producidos por los intereses. El que no quiere molestarse en nada dice que el Gobierno haga bajar los precios: el comerciante que quiere robar dice que lo que corresponde es dejar los precios libres. En esto, cada uno trabaja en cierta medida por su cuenta. He repetido hasta el cansancio que en esta etapa de la economía argentina es indispensable que establezcamos un control de los precios, no sólo por el gobierno y los inspectores, sino por cada uno de los que compran, que es el mejor inspector que defiende su bolsillo. Y para los comerciantes que quieren los precios libres, he explicado hasta el cansancio que tal libertad de precios por el momento no puede establecerse; bastaría un rápido análisis.

(Se oye una explosión)

Compañeros: Estos, los mismos que hacen circular rumores todos los días, parece que hoy se han sentido más rumorosos, queriéndonos colocar una bomba.

(En estos momentos se oye otra explosión).

Ustedes ven que cuando yo, desde aquí, anuncié que se trataba de un plan preparado y en ejecución, no me faltaban razones para anunciarlo.
Compañeros: Podrán tirar muchas bombas y hacer circular muchos rumores, pero lo que nos interesa a nosotros es que no se salgan con la suya, y de esto, compañeros, yo les aseguro que no se saldrán con la suya. Hemos de ir individualizando a cada uno de los culpables de estos actos y les hemos de ir aplicando las sanciones que les correspondan.
Compañeros: Creo que, según se puede ir observando, vamos a tener que volver a la época de andar con el alambre de fardo en el bolsillo.
(La multitud aclama: Perón, Perón, Perón y dice ¡Leña! ¡Leña!).
Eso de la leña que ustedes me aconsejan ¿por qué no empiezan ustedes a darla?
Compañeros: Estamos en un momento en que todos debemos de preocuparnos seriamente, porque la canalla no descansa, porque están apoyados desde el exterior.
Decía que es menester velar en cada puesto con el fusil al brazo. Es menester que cada ciudadano se convierta en un observador minucioso y permanente porque la lucha es subrepticia. No vamos a tener un enemigo enfrente: colocan la bomba y se van. Aumentan los precios y se hacen los angelitos. Organizan la falta de carne y dicen que ellos no tienen la culpa. Al contrario, por ahí, en un diario, sacan un artículo diciendo que ellos, en apoyo del Gobierno, quieren que venga la carne, pero la carne no viene.
Todo esto nos está demostrando que se trata de una guerra psicológica organizada y dirigida desde el exterior, con agentes en lo interno. Hay que buscar a esos agentes, que se pueden encontrar si uno está atento, y donde se los encuentre, colgarlos en un árbol.
Con referencia a los especuladores, ellos son elementos coadyuvantes y cooperantes de esta acción. El gobierno está decidido a hacer cumplir los precios aunque tenga que colgarlos a todos. Y ustedes ven que tan pronto se ha comenzado, y el pueblo ha comenzado a cooperar, los precios han bajado un 25 por ciento. Eso quiere decir que, por lo menos, estaban robando un 25 por ciento.
Han de bajar al precio oficial calculado, porque eso les da los beneficios que ellos merecen por su trabajo. No queremos ser injustos con nadie. Ellos tienen derecho a ganar, pero no tienen derecho a robar.
Sé también que algunos empleados públicos, inspectores y algunos funcionarios pueden estar complicados en esas maniobras. Si esto sucede, no he de tener inconveniente en entregarlos a la justicia en el mismo momento que se lo compruebe; pero, compañeros, quiero decirles que las organizaciones, nuestros partidos políticos y cada ciudadano de la República tienen en estos momentos la responsabilidad de enfrentar con hombría y con decisión todo ataque llevado subrepticiamente a la República. El Gobierno, el Estado y el Pueblo unidos son invencibles, sólo falta que nos decidamos a realizar.
Yo puedo asegurar, compañeros, que la situación económica del país no ha sido nunca mejor que ahora; puedo asegurar que el dominio político que el Gobierno tiene en estos momentos asegura poder proceder de la manera que se le ocurra, pero no estamos nosotros para amparar la injusticia de nadie, sino para asegurar la justicia de todos los argentinos. Por esa razón el Gobierno ha de proceder con justicia, con serena justicia, pero con indestructible decisión y rigor contra los que infrinjan la ley.
Yo no podría pedirle al pueblo el apoyo para otra cosa, pero para eso le pido y deseo el apoyo total y sincero del pueblo. Ese apoyo ha de ser para combatir a los malos argentinos y para combatir también a los malos peronistas y a muchos que se mueven entre nosotros disfrazados de peronistas. Para eso, especialmente, necesitamos el apoyo del pueblo, el apoyo desinteresado, el apoyo sincero, el apoyo que nos pueda llevar a una depuración de la República y a una depuración de nuestras propias fuerzas.
En este orden de cosas la ley debe ser inflexible: al honesto hay que defenderlo hasta morir; al deshonesto hay que meterlo en la cárcel cuanto antes. De la misma manera los comerciantes, los industriales honestos, serán apoyados por el Estado, pero los deshonestos irán como los otros deshonestos, a la cárcel cuanto antes.
Señores: aunque parezca ingenuo que yo haga el último llamado a los opositores, para que en vez de poner bombas se pongan a trabajar en favor de la República, a pesar de las bombas, a pesar de los rumores, si algún dia demuestran que sirven para algo, si algún día demuestran que pueden trabajar en algo útil para la República, les vamos a perdonar todas las hechas.
Compañeros: yo deseo terminar estas palabras, un tanto deshilvanadas por las numerosas interrupciones, las bombas y las otras yerbas, haciendo una aclaración que cuadra a los sentimientos más puros y más profundos de mi corazón. Quizás en el fragor de la lucha haya dejado escapar alguna expresión de desaliento. Yo no soy de los hombres que se desalientan, a pesar de la legión de bienintencionados y de malintencionados que golpean permanentemente sobre mi espíritu y mi sistema nervioso. Yo nos soy de los hombres que se desalientan desfilando, como lo hacen entre una legión de aduladores y una legión de alcahuetes. Si eso pudiera desalentarme, si mediante eso puediera algún día llegar a perder la fe inquebrantable que tengo en mi pueblo, habría dejado de ser JUAN PERON.
Por eso debo anunciarles a todos los compañeros, especialmente trabajadores, que para nuestro movimiento comienza una etapa nueva, una etapa que ha de ser de depuración, una etapa que ha de ser de energía terrible para los que sigan oponiéndose a nuestro trabajo. Si para terminar con los malos de adentro y con los malos de afuera, si para terminar con los deshonestos y con los malvados es menester que cargue ante la historia con el título de tirano, lo haré con mucho gusto.
Hasta ahora he empleado la persuación; en adelante emplearé represión, y quiera Dios que las circunstancias no me lleven a tener que emplear las penas más terribles.
Es, compañeros, para esta nueva cruzada que los necesito a ustedes más que nunca.
Compañeros: como en la horas más críticas de nuestra lucha en 1945, pediré a todos los compañeros q ue, como entonces, estén activos y vigilantes; pediré a todos que vayan al trabajo confiados y decididos. Todos los problemas que puedan presentarse, se resuelven produciendo. A esos bandidos los vamos a derrotar produciendo, y a los canallas de afuera los vamos a vencer produciendo. Por eso, hoy como siempre la consigna de los trabajadores argentinos ha de ser: producir, producir, producir.
(La multitud prorrumpe en exclamaciones: ¡La vida por Perón! ¡La vida por Perón!).
Para terminar, compañeros, yo solamente les pido a ustedes que sigan actuando como lo viene haciendo hasta este momento. Les agradezco esta maravillosa concentración, que es la fuerza viva de nuestro movimiento, y les ruego que se retiren tranquilos, confiados en que yo he de saber hacer las cosas como las he sabido hacer hasta ahora, que esto lo he de remediar sin hesitaciones y sin nerviosidades, con frialdad, pero con una energía tremenda cuando sea necesario.
Regresen a sus casas pensando en que nos hemos decidido hace casi diez años por asegurar la felicidad de nuestro pueblo y la grandeza de la Nación. Piensen que a estos objetivos llegaremos a través de la independencia económica, de la justicia social y de la soberanía política.
Y cuando yo, para mantener enastadas cualquiera de esas banderas, los necesite a ustedes, los llamaré y les daré los medios para hacer triunfar nuestras ideas.
Finalmente, compañeros, al agradecerles nuevamente la prueba de solidaridad, quiero que lleven a sus casas, como un homenaje de un humlide ciudadano trabajador como ustedes, un abrazo muy fuerte que les doy sobre mi corazón.

Hace 49 años Montoneros asesinaban al Padre Carlos Mugica.

  El viernes, a ultima hora, entrego en la redacción del DIARIO "LA OPINIÓN" un articulo para reafirmar el liderazgo de Perón y ex...